Después de muchos meses de inactividad en el blog debido a mi maternidad, estamos de vuelta. Hoy quiero comentar las excelencias de la lactancia materna, a todos los niveles. La lactancia de nuestros cachorros, como mamíferos que somos, es un gesto de amor, de conexión, de nutrición. Los beneficios para la salud del bebé y de la madre son incontables, y podéis leer sobre el tema en multitud de webs, blogs y foros directa o indirectamente relacionados con la lactancia materna: mayor inmunidad para el bebé, nutrición más adecuada a sus necesidades, composición variable a medida, contacto físico; y para la mamá, menor probabilidad de enfermedades como cáncer de mama, diabetes, sobrepeso, y mayor facilidad para conciliar el sueño nocturno. Estas son sólo algunos de los beneficios a destacarse, pero la conclusión fundamental es que no hay nada más sano, adaptable a las circunstancias, cómodo y natural que dar el pecho a los bebés.
Pero además, si pensamos en las ventajas a nivel ecológico, la lactancia materna ya parece una panacea. Imaginemos cuántos residuos plásticos y metálicos genera la lactancia artificial. Los padres compran grandes cantidades de botes de leche en polvo, cuando no directamente tetra-bricks en el caso de la leche de continuación. Esto no sólo supone dinero que gasta la familia, también gastos de fabricación, medibles en luz y agua desperdiciada; gastos de transporte, medibles en combustibles fósiles; gastos de comercialización... Como indica Carlos González, las dosis indicadas en las fórmulas son mucho mayores de lo que la mayoría de los bebés nesitan en una toma, para que les llegue a aquellos que comen más. Y además, como el biberón hay que darlo también a demanda, hay que preveer que el niño pueda querer comer bastante, y se prepara una dosis larga. Esto significa que parte de la leche que se prepara o calienta para las tomas se acaba tirando, ya que no puedes conservarlo para tomas siguientes. Me da un poco de cargo de conciencia pensar en esa leche que se tira.
Por otra parte, la parafernalia de biberones, esterilizadores, tetinas, escobillas de limpieza, etc, no tiene fin, y en realidad son objetos de vida corta, que se deterioran bastante y no se pasan normalmente a otros niños. El resultado es que van a la basura en pocos meses. Algunas mamás intentan prolongar la vida de algunos de estos objetos vendiéndolos o pasándolos de segunda mano a familiares y amigas. Es una opción para amortiguar el derroche de recursos cuando la lactancia artificial se impone por la causa que sea.
Otra cosa a tener en cuenta de la lactancia materna es que además de que no dudas de la composición de lo que le das a tu bebé, no pagas dinero a ninguna multinacional, tipo Nestlé. No me gusta pensar en que la lactancia de nuestros hijos pueda ser un negocio, pero así es. Sólo hay que ver los anuncios. Y es importante recalcar que cuando los bebés dejan la teta, si tienen más de un año pueden tomar leche de vaca o cabra perfectamente, no hay que gastarse un dineral en leches adaptadas raras y carísimas. Sólo faltaba. Cuando te preocupas por lo que consumes, buscas alimentos orgánicos, biológicos, de cultivo ecológico, de comercio justo... Si eres vegetariano en cualquiera de sus variantes, o consumes productos animales de forma responsable... Si tienes una conciencia creada en cuanto a lo que compras y comes... ¿No deberías hacer lo mismo con el alimento de tu hijo? La lactancia materna es la respuesta.
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