martes, 6 de noviembre de 2012

¿Cómo es usar pañales de tela?

Si os interesa el mundo de los pañales de tela porque sois una familia eco-consciente a la que le horroriza pensar en las montañas de basura que genera un bebé hasta que aprende a usar el orinal o el wc, probablemente habéis buscado en internet y habéis encontrado una miríada de información sobre este tipo de pañales. Modelos y marcas existentes, programas de lavado, foros con inacabables discusiones sobre detergentes, sobre pañales de noche, sobre irritaciones de culito... Y si domináis varios idiomas, probablemente os zambullís, como hacía yo, en páginas de todo el mundo para intentar enteraros de cosas concretas. Cuando yo me inicié en el mundo de los pañales de tela, de los que actualmente soy usuaria (puntualización: no yo, mi hijo) leí toneladas de información. Y al final lo que más agradecía eran relatos de cotidianeidad en los que comprobaba que usar pañales de tela era realmente posible en una familia moderna. Que por cierto, lo es.

Quizá cuando os hablen de pañales de tela penséis en padres o madres que no trabajan o trabajan en casa, y que tienen más tiempo (teóricamente!) para estas cosas. Yo lo pensaba, porque no concebía que me fuera a dar tiempo, o que en la guardería me fueran a aceptar "la originalidad". Pero de verdad que todo ha ido muy bien.

Nuestro hijo empezó a usarlos en su segunda semana de vida, tras dejar de expulsar el meconio que mancha mucho. Al principio usamos gasas de algodón orgánico y cobertores, y de noche popolini onesize y cobertor. Pronto, en un par de semanas, alcanzó suficiente talla para empezar a usar los blueberry, que son tipo unitalla rellenables (ya hablaremos de todo esto más adelante para los más legos). Ahora, tiene 15 meses y usa ropa de 18, es altito, y aún usa los mismos pañales, ya que eran todos unitalla, incluso los cobertores. Acaba de pasar al tallaje más alto (son pañales que ajustan el tallaje con broches) de blueberry este mes.

Nuestra rutina es muy sencilla. Tenemos un cubo de 25 litros junto al cambiador, con tapa, donde van los pañales sucios. Cuando está lleno hacemos una lavadora, sin mezclar con nuestra ropa. Tenemos una lavadora LG de la gama Protex, bastante moderna, y lavamos en el ciclo algodón con prelavado, 60 grados, 1200, con aclarado extra. Usamos el detergente para pieles sensibles de mercadona, menos de medio cacito. El ciclo dura unas 3 horas y media, y después se seca en 24 horas, porque tendemos en interior. Si tendiéramos fuera los pañales más gorditos, que son los popolini onesize, secan en 8-10 horas según el fabricante. Cuando el bebé era recién nacido, que además era verano, las gasas estaban secas en dos horas. Si se nos acumulan muchas lavadoras (por ejemplo, el fin de semana), a veces ponemos un ciclo de secadora con los pañales y sus componentes no plásticos. Es decir, los cobertores no van a la secadora porque esto disminuye su vida útil. Ahora mismo hacemos tres lavadoras de pañales a la semana.

Nuestro hijo usó pañales de tela en exclusiva hasta los seis meses que empezó a ir a la escuela infantil. Hablé con la dirección del centro y acordamos que el niño iría con pañal de tela, hasta el primer cambio de pañal. Lo guardan en una bolsa impermeable en su mochila. Y en el último cambio de pañal, a eso de las 16:30-17:00, le ponen un pañal de tela que yo pongo en su mochila cuando la preparo. Con ese pañal está hasta las 19:00 aproximadamente. En fines de semana y puentes usamos sólo de tela. En la guardería el resto del tiempo y si salimos de la ciudad, tipo vacaciones a un hotel, usamos pañales desechables ecológicos. Pero se de familias que han conseguido usar sólo tela en la guardería, y de escuelas infantiles con pioneros programas de uso de pañales de tela, al estilo más europeo.

Importante, usamos forros desechables tipo popli, que si sólo hay pis se lavan con el resto de pañales y se reutilizan hasta el infinito (básicamente hasta que se rompen), y si hay caca van al wáter. Son totalmente biodegradables. No son indispensables cuando el bebé aún no come sólidos, pero definitivamente lo son cuando las cacas del bebé-niño aquieren cierta entidad. Pero mucha gente usa forros de tela, que también se vuelven a lavar, de forma que se protege el pañal de las manchas más bestias. También hay que decir que estas manchas desaparecen con el mejor quitamanchas que hay: la luz del sol. En nuestro caso viviendo en un bajo interior no la disfrutamos mucho, pero aún así he de decir que nuestros pañales se conservan muy dignamente.

Y como veis es muy fácil. Nosotros trabajamos los dos, y es verdad que a veces dejamos la lavadora programada antes de ir a trabajar y llevar al niño a la guarde, porque cuatro horas de run-run en un piso pequeño, son cuatro horas; y que a veces tendemos pañales mientras se calienta la comida a las cuatro de la tarde; y que a veces se nos pasa la hora del cambio jugando con el niño o este está especialemente meoncete y se le moja un poco el body o el pantalón. Pero creo que todo esto son nimiedades si pensamos en el beneficio medioambiental, que por mucho que digan es indiscutible. Yo personalmente como madre y como persona estoy contenta, feliz y orgullosa de usar pañales de tela, y puedo decir también con gran satisfacción que se lo contagié a una amiga. Me encantaría contagiarlo a más familias, así que escribiré más sobre el tema en un futuro, y contestaré cualquier duda sobre el tema que esté en mi mano resolver.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Guía para vender cosas de segunda mano (I)


En la sociedad actual, gran parte de los objetos que compramos y utilizamos no llegan al auténtico final de su vida útil. Se tiran muchas cosas que aún podrían utilizarse, y muchos enseres domésticos acaban estropeándose en trasteros y altillos, hasta que sus materiales se degradan y son prácticamente basura. Mucha gente cuida mucho de sus cosas y procura almacenarlas debidamente para usos futuros o las pasa a familiares o amigos. Por ejemplo, un generoso amigo nuestro nos ha regalado muchos juguetes de segunda mano para nuestro hijo, que aunque aún no anda, ya tiene en el trastero preparados su primer triciclo y su primera bicicleta, para cuando llegue el momento.

Pero en ocasiones, las familias no sólo quieren deshacerse de cosas y saber que otras personas van a utilizarlas y disfrutarlas, sino que también necesitan algo de dinero extra. Es entonces cuando se plantea el tema de vender de segunda mano. Como es algo que he practicado bastante, pretendo dar algunas pautas útiles (o "tips") a lo largo de las próximas entradas.

En primer lugar, analicemos qué cosas son susceptibles de ser vendidas de segunda mano. Especialmente obvio es el tema de la ropa y aparejos infantiles, tipo cunas, tronas, hamacas, portabebés, carritos, ropita... en este sentido las mamás somos las primeras que nos preocupamos por estas cosas, y cuando no hay un familiar directo a quien pasarle las cositas del niño, y el espacio y la economía aprietan, se impone la venta. Un mercado bastante interesante es el de los libros, ya que muchas veces compramos más de los que nuestra casa puede alojar cómodamente, o simplemente con los años nuestros gustos e inquietudes cambian y queremos hacer espacio y cambiar el aire de nuestra librería. ¡Todos esos apasionantes libros de cocina en los que te gastaste tanto dinero pueden tener un futuro dueño que los acoja! Y esto afecta de la misma forma a todo lo relacionado con tus hobbies: raquetas de tenis, patines, o esa jaula para pájaros tan bonita, ya no tienen sitio en tu vida, y tu vas y las vendes. Igual ocurre con aparatos de música, televisiones, reproductores de todo tipo... el hecho de que el geek de la casa quiera cambiar no significa que el antiguo aparato no sea estupendo, y seguro que alguien estará deseoso de hacerse con él por un módico precio. Y tu recuperas parte de tu dinero para tu nueva compra.

Bodas y eventos como Reyes y cumpleaños son una fuente increíble de objetos que no queremos en casa pero no queremos tirar, porque son nuevos!! Cuando te casas sin lista de bodas y aún así la gente insiste y te regala cosas no solicitadas, en muchas ocasiones su destino será una venta, muy fácil por cierto ya que se trata de cosas nuevas y sin usar. Y qué decir de esos regalos que vienen oportunamente sin tiquet de forma que nos es imposible descambiarlos. Si no los queremos, y después de un tiempo de asimilación, lo mejor es venderlos. Este es sobre todo el ámbito de objetos de decoración y pequeño electrodoméstico. Y creedme, siempre hay alguien que con muy buen criterio busca estas cosas seminuevas o nuevas a buen precio. Otra categoría es la de la ropa. Vestidos con pocas puestas, para celebraciones, trajes de novia, trajes de noche, fracs... pero también ropa cotidiana, con pocas puestas y de marca, que la gente pone a la venta en canales especializados.

En la próxima entrada analizaremos los canales principales de venta y sus pros y contras para cada ocasión. Espero que esta serie os resulte de utilidad!!

martes, 2 de octubre de 2012

Lactancia, un gesto ecológico

Después de muchos meses de inactividad en el blog debido a mi maternidad, estamos de vuelta. Hoy quiero comentar las excelencias de la lactancia materna, a todos los niveles. La lactancia de nuestros cachorros, como mamíferos que somos, es un gesto de amor, de conexión, de nutrición. Los beneficios para la salud del bebé y de la madre son incontables, y podéis leer sobre el tema en multitud de webs, blogs y foros directa o indirectamente relacionados con la lactancia materna: mayor inmunidad para el bebé, nutrición más adecuada a sus necesidades, composición variable a medida, contacto físico; y para la mamá, menor probabilidad de enfermedades como cáncer de mama, diabetes, sobrepeso, y mayor facilidad para conciliar el sueño nocturno. Estas son sólo algunos de los beneficios a destacarse, pero la conclusión fundamental es que no hay nada más sano, adaptable a las circunstancias, cómodo y natural que dar el pecho a los bebés.

Pero además, si pensamos en las ventajas a nivel ecológico, la lactancia materna ya parece una panacea. Imaginemos cuántos residuos plásticos y metálicos genera la lactancia artificial. Los padres compran grandes cantidades de botes de leche en polvo, cuando no directamente tetra-bricks en el caso de la leche de continuación. Esto no sólo supone dinero que gasta la familia, también gastos de fabricación, medibles en luz y agua desperdiciada; gastos de transporte, medibles en combustibles fósiles; gastos de comercialización... Como indica Carlos González, las dosis indicadas en las fórmulas son mucho mayores de lo que la mayoría de los bebés nesitan en una toma, para que les llegue a aquellos que comen más. Y además, como el biberón hay que darlo también a demanda, hay que preveer que el niño pueda querer comer bastante, y se prepara una dosis larga. Esto significa que parte de la leche que se prepara o calienta para las tomas se acaba tirando, ya que no puedes conservarlo para tomas siguientes. Me da un poco de cargo de conciencia pensar en esa leche que se tira.

Por otra parte, la parafernalia de biberones, esterilizadores, tetinas, escobillas de limpieza, etc, no tiene fin, y en realidad son objetos de vida corta, que se deterioran bastante y no se pasan normalmente a otros niños. El resultado es que van a la basura en pocos meses. Algunas mamás intentan prolongar la vida de algunos de estos objetos vendiéndolos o pasándolos de segunda mano a familiares y amigas. Es una opción para amortiguar el derroche de recursos cuando la lactancia artificial se impone por la causa que sea.

Otra cosa a tener en cuenta de la lactancia materna es que además de que no dudas de la composición de lo que le das a tu bebé, no pagas dinero a ninguna multinacional, tipo Nestlé. No me gusta pensar en que la lactancia de nuestros hijos pueda ser un negocio, pero así es. Sólo hay que ver los anuncios. Y es importante recalcar que cuando los bebés dejan la teta, si tienen más de un año pueden tomar leche de vaca o cabra perfectamente, no hay que gastarse un dineral en leches adaptadas raras y carísimas. Sólo faltaba. Cuando te preocupas por lo que consumes, buscas alimentos orgánicos, biológicos, de cultivo ecológico, de comercio justo... Si eres vegetariano en cualquiera de sus variantes, o consumes productos animales de forma responsable... Si tienes una conciencia creada en cuanto a lo que compras y comes... ¿No deberías hacer lo mismo con el alimento de tu hijo? La lactancia materna es la respuesta.